Qué comer en Viena: escalope, cafés y tartas clásicas
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Si te preguntas qué comer en Viena, la respuesta corta es un escalope empanado, una tarde larga en un café histórico, un trozo de tarta de chocolate y una noche en una taberna de vino. La cocina vienesa nació en una capital imperial que absorbió recetas de Bohemia, Hungría y los Balcanes, y el resultado es una mesa contundente, sin prisas y más asequible de lo que muchos imaginan.
Los platos que merecen un hueco en tu viaje
El Wiener Schnitzel es el plato estrella: un filete fino de ternera, empanado y frito hasta que la costra se despega de la carne, servido con limón y, casi siempre, ensalada de patata. En un restaurante clásico como Figlmüller Wollzeile, cerca de la catedral, el escalope desborda el plato. Las mesas se llenan rápido, así que conviene reservar con antelación.
El segundo imprescindible es el Tafelspitz, carne de vaca hervida que se sirve en su caldo con salsa de manzana y rábano picante y otra de cebollino. Durante mucho tiempo se asoció a la mesa imperial, y el restaurante Plachutta Wollzeile construye toda su carta alrededor de este plato. No te saltes la salsa de manzana y rábano: es lo que le da carácter.
Además hay gulasch, herencia de la influencia húngara, y albóndigas de masa de todo tipo, incluidas las dulces rellenas de albaricoque en temporada. Pregunta al camarero por las sugerencias del día en lugar de pedir el mismo escalope todas las noches.
El café vienés: una consumición, toda la tarde
Un café vienés no es un sitio para tomar algo de paso. Pides un solo café, te traen un vaso de agua y nadie espera que dejes la mesa libre en horas. Los periódicos cuelgan de soportes de madera, las mesas son de mármol y hay lámparas de araña; esta tradición se considera parte de la identidad cultural de la ciudad.
Café Central es el ejemplo más suntuoso: un café de 1876 bajo bóvedas, frecuentado en su día por Freud y Trotski. Suele haber cola, así que ve temprano o a media tarde. Pide un Melange, una especie de café con leche a la vienesa, o un Einspänner, café solo coronado con nata montada, y acompáñalo con un pastel.
Cada café tiene su carácter: unos son majestuosos, otros desgastados pero acogedores, unos van más de desayuno y otros de repostería. Si llueve, no hay mejor refugio. Y si organizas la visita en torno a los grandes museos, como en nuestra guía de los museos de Berlín, una pausa larga con café entre dos visitas es la forma vienesa de recuperar fuerzas.
Dulces: Sachertorte y Demel
Los amantes del chocolate deben probar la Sachertorte, un bizcocho denso de chocolate con mermelada de albaricoque bajo la cobertura. Se sirve en Café Sacher, el café del hotel donde nació; entre semana por la tarde hay menos gente. Se toma con una cucharada de nata sin azúcar, como manda la tradición.
La dirección rival es Demel, antiguo confitero de la corte imperial, cuyos escaparates son tan teatrales como la ópera cercana. Prueba la Annatorte con un chocolate caliente. Tomar una porción en cada sitio y discutir cuál es mejor es un plan de tarde perfectamente respetable.
También conviene probar el strudel de manzana y el Kaiserschmarrn, una tortita troceada y espolvoreada de azúcar que llega con compota de fruta. Las raciones son generosas: compártelas si luego tienes cena.
Mercados: Naschmarkt y Brunnenmarkt
El Naschmarkt es el mercado más conocido de Viena, una larga hilera de puestos de especias, aceitunas y quesos con pequeños locales para comer. Es ideal para un almuerzo informal en el que cada uno pide algo distinto. Hay más elección por la mañana, y los sábados por la mañana se suma un mercadillo de antigüedades.
Para algo menos pulido, ve al Brunnenmarkt, el mercado callejero más largo de Viena. Los puestos turcos y balcánicos venden fruta, pan y tentempiés a precios de barrio, y el ambiente es mucho más local que turístico. Ve por la mañana y recuerda que los domingos está cerrado.
Los mercados también son la mejor opción para vegetarianos o para quien quiera descansar de las cartas cárnicas: puedes montar un almuerzo con salsas, verduras, pan y queso.
Comida callejera: el Würstelstand
El hambre de madrugada en Viena se resuelve en un puesto de salchichas. Bitzinger Würstelstand, junto a la Albertina, es un clásico: pide una Käsekrainer, salchicha con queso fundido por dentro, con una cerveza y cómela de pie en la barra junto a gente que sale de la ópera y taxistas.
El ritual consiste en elegir salchicha, pan y mostaza, que puede ser dulce o picante. Si dudas, pide lo mismo que la persona de delante y nadie se extrañará.
Una noche en un Heuriger
Un Heuriger es una taberna de vino regentada por el propio viticultor, con el vino del año y comida de buffet. Viena es una capital con viñedos propios, y las tabernas de las afueras son el mejor lugar para probarlos. Mayer am Pfarrplatz, en Heiligenstadt, ocupa una casa donde vivió Beethoven; lo habitual es elegir del buffet y sentarse en el jardín.
El vino suele servirse por cuartos de litro. El Gemischter Satz, mezcla de variedades plantadas juntas, es el estilo vienés por excelencia. En otoño puede aparecer el Sturm, vino joven aún en fermentación: turbio, dulce y más fuerte de lo que parece.
Llegar es parte del placer, porque las tabernas quedan a poca distancia del centro en transporte público. Los días y temporadas de apertura varían, así que compruébalo antes, sobre todo en invierno.
Plan gastronómico de dos días
- Día uno, mañana: café y pastel en Café Central, y paseo por el Ring.
- Día uno, noche: Tafelspitz en Plachutta Wollzeile o escalope en Figlmüller si reservaste.
- Día dos, mediodía: almuerzo en el Naschmarkt y tarta en Demel o Café Sacher.
- Día dos, noche: una salchicha en Bitzinger o una velada en Mayer am Pfarrplatz.
Entre comidas, pasear es la mejor digestión. Si quieres ver cómo combinar buena mesa con un casco histórico compacto, echa un vistazo a nuestra ruta de dos días por Praga, y diseña la tuya en el planificador de Viena.
Consejos prácticos
- Reserva en los restaurantes famosos, sobre todo para cenar.
- En el café se paga al final: llama al camarero en vez de ir a la barra.
- Es habitual dejar propina, normalmente redondeando la cuenta.
- Comprueba los días de cierre: muchos mercados no abren los domingos.
Precios y horarios cambian, confírmalos siempre en la web oficial de cada local. Para ver todas las direcciones en el mapa, consulta la página de gastronomía de Viena.